NO. 03 | MAR. 20, 2020
Editorial
Apenas ingresamos en el 2020 y ya las tensiones entre Estados Unidos e Irán han generado toda clase de escenarios sobre posibles repercusiones en el mundo de la ciberseguridad. Sí queridos amigos, esa batalla cibernética se va a acrecentar y -posiblemente- el campo de acción no se limitará solamente a los países en pugna. Existe un temor, bastante bien fundado por cierto, en varias agencias de inteligencia europeas (e incluso latinoamericanas) que Irán va a intensificar las ciber-operaciones de espionaje, los ataques contra la banca internacional (procura de fondos y disrupción económica), así como contra otros blancos estratégicos no ubicados en territorio norteamericano. La lógica de esto apunta a generar caos social y/o económico en terceros países, antes que atacar directamente en territorio norteamericano. Lo anterior se basa en un principio de proporcionalidad y capacidad técnica de la retaliación. Si, por ejemplo, Irán paraliza las operaciones de Disney por una semana, sería visto cómo un éxito; si por el contrario, Irán ataca una red eléctrica norteamericana, una represa o una instalación petrolera, cruzaría una línea roja de la que difícilmente puedan recuperarse porque la superioridad tecnológica del gigante del norte es real y manifiesta. Una respuesta norteamericana, aun vista como proporcional, podría hacer retroceder a los persas varios años en el plano tecnológico.